PATRIOTAS HOLGUINEROS.

Alex Urquiola Marrero.
Nació en Holguín en 1937. A los 17 años inicia sus luchas revolucionarias. Trabajaba en un carro de distribución de una galletera y realizaba las tareas propias de la clandestinidad. Militó en el movimiento 26 de julio. Fue escogido para participar en el atentado al coronel Cowley como chofer del comando que iba a ejecutar la acción. El día del atentado había salido de la ciudad y no pudo formar parte del grupo.

Realizado el ajusticiamiento de Cowley Alex, Urquiola se fue a la Sierra y comenzó su vida de guerrillero. Tomó parte de la lucha en la columna No. 6 Frank País, participó en los combates de Veguitas y Pino del Agua alcanzando los grados de segundo teniente del Ejército Rebelde. Muere en 1958 en el combate del central Yateras al explotar una granada enemiga.

Por su trayectoria revolucionaria al triunfo de la Revolución la Biblioteca Pública Provincial de Holguín lleva su nombre.

Calixto García Iñiguez.
Calixto García Iñiguez nació el 4 de agosto de 1839, en la casa de su abuelo paterno Calixto garcía de Luna e Izquierdo, en la calle San Diego esquina Rosario, hoy Miró y Frexes. Muy pronto sus padres, Lucía Iñiquez Landín y Ramón García González se establecen en Jiguaní donde tienen algunas propiedades. Allí crece Calixto y contrae matrimonio con Isabel Vélez Cabrera y se levanta en armas bajo las órdenes de Donato Mármol el 13 de octubre de 1868.

Durante la guerra del 68, asaltó varias poblaciones y decenas de pequeños poblados, entre ellos: Santa Rita, Jiguaní, Guisa, Holguín, Manzanillo y otros. Estos enfrentamientos se caracterizaron por ser ataques comandados. La falta de artillería le impedía el asalto de los fuertes y cuarteles por el riesgo de perder gran cantidad de hombres. En septiembre de 1874, siendo jefe del departamento Oriental, se dirigía a Manzanillo cuando fue sorprendido en su campamento provisional de San Antonio de los Bagá; diezmada la escolta y a punto de caer prisionero se dispara un tiro debajo de la barbilla, esta bala le respeta la vida. Es conducido herido a Manzanillo, a Santiago de Cuba y posteriormente hacia La Habana. Los colonialistas le envían como preso político a España, donde es encerrado en las cárceles españolas. En junio de 1878, al finalizar la guerra del 68, fue puesto en libertad. Continúa la lucha por la independencia. Viaja a estados Unidos donde se pone al frente de la organización de la nueva contienda. Es designado presidente del Comité Revolucionario Cubano.

Después de muchas penalidades, desembarca en la costa sur de Oriente, al frente de un reducido grupo de hombres. En aquellos momentos la mayoría de los combatientes y principales jefes habían depuesto las armas.

Sólo, perseguido constantemente, el grupo que lo acompaña se reduce teniendo que presentarse a las autoridades españolas cerca de Bayamo. De nuevo sufre prisión y permanece en España como preso político y luego como desterrado hasta 1895. Una vez iniciada la guerra del 95 se escapa de este país. En los Estados Unidos se pone al frente de una expedición que desembarca por las costas de Baracoa. Fue designado primero, jefe del Departamento Oriental y luego a la muerte de Antonio Maceo, Lugarteniente General del Ejército Libertador Cubano.

Lleva a cabo el ataque a Loma del Hierro, toma a Guáimaro, Tunas y Guisa. Derrotó las columnas españolas en numerosos combates. Instaló una rígida disciplina en las fuerzas bajo su mando. En carta al jefe yanki, Calixto García protesta viril y enérgicamente y marcha a la costa norte de Oriente a continuar combatiendo. Terminada la guerra, toma parte en la Asamblea de Santa Cruz del Sur, allí es designado presidente de la delegación que viaja a Estados Unidos en una misión de la Revolución.

Se encuentra en Washington cuando enferma y muere el 11 de diciembre de 1898.
El 11 de febrero de 1899 sus restos fueron trasladados a La Habana y depositados en el Cementerio de Colón, donde permanecieron hasta 1980 que fueron trasladados a Holguín. En el recorrido hacia el Cementerio de Colón la prepotencia yanqui se puso de manifiesto una vez más, los generales norteamericanos ocuparon el lugar que debían llevar los cubanos en el cortejo y estos se retiraron del entierro. Ante estos incidentes Lucía Iñiguez, demandó: “Tenemos que llevar a Calixto a Holguín para hacerle allí, con sus compañeros de guerra, un entierro cubano”.

El 11 de diciembre de 1980, fueron cumplidos los deseos de Lucía, los restos de Calixto García se trasladaron a Holguín. En su ciudad natal se construyó una Plaza de la Revolución que lleva su glorioso nombre y en ella un mausoleo donde reposan sus restos.