La primera fonda o mesón
Se instaló en 1820, en una vieja casa que ocupaba parte del espacio donde está enclavado el hoy Teatro Suñol. Llevaba por rótulo LA VIAJERA y fue su propietario Don José Canciell. Los escasos viajeros que a ella llegaban, disfrutaban por muy poco de una buena comida y cama. Como dato curioso referiremos que era obligatorio despertar a los viajeros, no importaba el rango o calidad, los domingos a las 6 de la mañana para que estos cumplieran con la obligación de oír misa, que se rezaba a esa hora en las iglesias de San Isidoro y San José.


Otorgamiento del tí­tulo de ciudad a Holguí­n
El 18 de enero de 1752, en presencia de todos los vecinos el Mariscal Arcos y Moreno hizo constar en auto de fecha y años señalados que obedeciendo a órdenes del Rey de España daba el tí­tulo de Ciudad a SAN ISIDORO DE HOLGUÍN, pudiendo gozar en delante de todos los privilegios, honores y franquicias propias de estas instituciones.


El primer teatro
Surgió en 1833, en el lugar que ocupa hoy el Museo de Historia Natural en la calle Maceo. Se le bautizó pomposamente con el nombre de “EL Coliseo”, algo paradójico si tenemos en cuenta que el edificio era modesto, sencillo y poco atractivo, sirviendo en horas de receso como depósito de granos y frutos. Los actores eran aficionados del mismo lugar. El primitivo teatro al que se le hicieron sustanciales mejoras duró varios años hasta que se construyó uno magnífico y hermoso en la calle Arias, también llamado “El Coliseo”, y al cual asistía desde Bayamo a las funciones teatrales el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes.


La primera iglesia fundada en el Hato de Holguín
Durante la primera centuria de la colonización de estas tierras, los oficios religiosos se celebraban bajo las palmas reales o a la sombra acogedora de otros árboles hasta el 5 de octubre de 1692, en que se inauguró la primera iglesia en Managuaco y se dijo la primera misa por el prebístero Don Gonzalo de Lagos.


La primera Plaza del Mercado
Se levantó en 1829 y era conocida por LA MARQUETA. Se vendían carnes, café criollo, empanadillas, churros y otros artículos de granjería y consumo popular. Para construirla hubo que desecar antes un enorme lagunato que abarcaba el tramo de la calle Máximo Gómez entre Martí y Luz Caballero, sitio rodeado de tupidos árboles y lugar de cita de todas las comadres y amas de casas de la ciudad, donde se contaban las nuevas de la época a falta de radio, televisión o periódico.