Las cuevas inundadas del sistema cavernario de Gibara, en la provincia de Holguín, con más de 50 metros de profundidad, constituyen el hogar de ejemplares de peces ciegos endémicos de Cuba.

Ojos muy pequeños, cubiertos por membranas epiteliales que repelen la luz solar y carecen de color, son algunas características de esa especie, perteneciente al género dentatus.

La oscuridad permanente que identifica el hábitat de esa variedad de la fauna cubana, ha propiciado el desarrollo de múltiples habilidades, entre ellas el tacto para aparearse y encontrar pequeños crustáceos, la base de su alimentación.

Alejandro Fernández, especialista del Centro de Estudios Ambientales y Tecnológicos del nororiental territorio, indicó que uno de los detalles curiosos de esta especie está relacionado con la reproducción.

Manifestó que las crías nacen vivas y la madre solo permite el desarrollo de un embrión, con el propósito de regular la nutrición en el hábitat de los ejemplares, también llamados lucífugas.

Los peces ciegos constituyen una de las especies menos estudiadas por la ictiología cubana, por las particularidades de su hábitat natural y fueron descubiertos por el destacado científico cubano Felipe Poey.

En Cuba existen cuatro familias clasificadas, la subterraneus, la dentatus, la simile y la teresinarun, que se localizan fundamentalmente en cuevas profundas de Pinar del Río, Matanzas y otras provincias del occidente del país.

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