Esta vez el silencio llegó cargado de respeto, de meditaciones, de evocación porque la víspera se nos fue Fidel y la única forma que encontramos todos, sin ponernos de acuerdo, fue con esta «callada manera» de homenajearlo.

El silencio venció al bullicio cubano, ese que ni con reglamentos, ni con leyes medioambientales se logra controlar. Solo que esta vez el silencio llegó cargado de respeto, de meditaciones, de evocación porque la víspera se nos fue Fidel y la única forma que encontramos todos, sin ponernos de acuerdo, fue con esta «callada manera» de homenajearlo.

Ya lo había adelantado José Martí «en silencio ha tenido que ser», mientras un volcán de patriotismo fraguaba la guerra necesaria.

En silencio estamos con el alma fraguada y la promesa de que cuando depositemos sus cenizas en tierra de mambises continuaremos las batallas que él lideró y con las que nos condujo de victoria en victoria.

Este silencio cubano no es solo porque nos resistamos a aceptar su partida o porque nos neguemos a hablar de él en pasado, sino porque el alma de la Patria, convertida en cenizas, ha emprendido el camino hacia la eternidad.

tomado de: http://www.granma.cu/cuba/2016-11-28/silencio-que-fragua-el-alma-28-11-2016-00-11-26