El gesto humano de educar se transforma por estos días en la universidad holguinera. Ya no van de la mano tiza y pizarrón, sino amor e instrumentos de limpieza para contribuir a la lucha contra el coronavirus.

Tres de las cuatro sedes de la Casa de Altos Estudios de la provincia se han convertido en centros de aislamiento para la vigilancia epidemiológica de personas sospechosas y contactos de casos positivos a la COVID-19. Mientras el curso escolar se ha detenido, el personal docente, acompañado de estudiantes y obreros de otras áreas, tienden su mano amiga a esta tarea de merecido aplauso.

Iosvani Hernández Torres, Vicerrector Universidad de Holguín comenta que “desde el llamado que nos hiciera el Consejo de Defensa Provincial a incorporarnos como centros de aislamiento para la atención a los ciudadanos holguineros, tuvimos la oportunidad de materializar el principio básico de la universidad que es el vínculo con la sociedad.

Nuestros profesores, investigadores y trabajadores de manera general han dado el paso al frente de realizar tareas que por la naturaleza del desempeño profesional no nos corresponde, pero por el compromiso social con el país y con el enfrentamiento a la enfermedad muchos se han incorporado a estas labores de servicio, logística, higienización, fumigación o como pantristas y auxiliares de limpieza en zonas de riesgo biológico. Para ello tomamos todas las medidas higiénicas y asumimos los controles epidemiológicos establecidos”.

En estos espacios se materializa el compromiso gestado en las aulas universitarias. “Es una experiencia muy gratificante; al principio teníamos temores pero ver el nivel de satisfacción de los pacientes y sus aplausos de agradecimiento nos llena como personas”, dice Iosvani Hernández.

Desde su experiencia al frente de la tarea Roberto Cleger, Director General de institución cuenta que “contribuimos con el personal de salud en estos centros y hemos ofrecido nuestro apoyo incondicional para permanecer el tiempo que sea necesario. Los involucrados nos sentimos orgullosos pues sin nuestra colaboración las labores se hubieran complejizado más para los médicos y enfermeras”.

Yohannia Ochoa Ardite, Decana de la Facultad de Comunicación y Letras expresa que agradece la posibilidad de formar parte de este quehacer de digno reconocimiento que “demuestra el altruismo de los trabajadores de la universidad y la responsabilidad con la Revolución, el Socialismo y la institución que nos forma como profesionales altamente competentes y comprometidos”.

En estos espacios surgen iniciativas para amenizar la estancia donde la cultura hace protagonista a esos que donan sus horas con el altruismo de quien educa por amor.
“Hay historias que tocan hasta la fibra más sensible de cualquier ser humano, y aquí las vivimos a diario. Hemos tomado como iniciativa, en la sede Manuel Fajardo, realizar una especie de matutino dos veces a la semana.

Salimos a la plaza, un punto central donde los aislados pueden observarnos desde sus cuartos, intercambiamos con ellos, les ofrecemos música y actividades culturales. Disponemos de la radiobase para actualizarlos y hacerles llegar la información de la conferencia de prensa diaria sobre la situación epidemiológica, con el objetivo de que no se sientan tan asilados de la vida real, interactuar y conocer sus necesidades para que nos consideren parte de sus familias”, cuenta Manuel Pérez Almenares, secretario general del Comité de Base de los trabajadores del centro.

Dayana Piñeiro Arencibia, estudiante de la Universidad de las Artes (ISA) en Holguín, es la muestra de lo que nace de la espontaneidad. Esta artista y su violín amenizaron una mañana de los aislados que necesitan la motivación de llenar sus almas con un poco de arte.

“Me encantó desde el principio la idea de tocar para ellos y aportar mi granito de arena desde la cultura; poder alegrar a tantas personas que están luchando por sus vidas. No puedo expresar lo que sentí, fueron muchos sentimientos juntos, no sabía si llorar o reír mientras tocaba el violín. Intentaba concentrarme al ver tanta emoción de aquellos aplaudiendo y mirando desde sus ventanas”.

Argelio Piñeiro, padre de Dayana e impulsor de la idea expresa lo que sintió en un momento de tanta emotividad. “Ver a los pacientes desde sus cuartos agitando pañuelos, contentos, diciéndonos lindas frases de agradecimiento por darles un poquito de alegría, será un gran recuerdo también para nosotros”.

http://www.aldia.cu/es/noticias/holguin/4896-puertas-abiertas-para-la-lucha-contra-la-covid-19